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Sin acuerdo no hay soluciones para el medioambiente

Como ciudadanos podemos intentar grandes cambios, pero no serán posibles sin el apoyo de los sectores económico y político.

Sin acuerdo no hay soluciones para el medioambiente

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Llevamos más de 35 años escuchando esporádicas voces de alarma avisando de la acumulación descontrolada de residuos, del agotamiento de los recursos naturales, de los desequilibrios que estamos causando en la naturaleza o del ritmo acelerado con el que los mercados deben producir para abastecer una humanidad cada vez más centrada en el consumo.

Lo curioso es que en todos estos años ha habido muy poca gente que haya volcado verdadera atención sobre el problema. En este grupo entran científicos, académicos, algunas pocas empresas, otras varias organizaciones, y muchas personas sensibilizadas por el tema y centradas en encontrar alternativas que resulten más saludables para su vida y para el planeta.

Este escrito no tiene intención de minimizar el ingente trabajo que estas personas vienen realizando para ofrecer alternativas y encontrar soluciones a los problemas medioambientales. Su aporte es enormemente valioso, y es gracias a todos ellos que hoy disponemos de nuevos conocimientos, herramientas y metodologías que nos permitirán luchar contra el deterioro de nuestro mundo.

Cabe preguntarse por qué, en tantos años, no hemos podido cambiar un rumbo que ya sabíamos que nos llevaba a un mal puerto. Y aquí tenemos un hilo del que podemos tirar para encontrar una respuesta:

Una primera parte de la explicación es que el deterioro medioambiental no nos golpeaba a todos, a la vez y de la misma forma. Porque no hay UNA entidad que pudiera cambiar el rumbo, no existe UN colectivo que no haya logrado cambiarlo, no hay un “nosotros” que pueda ser definido y esté decidido a tener un mundo mejor.

La otra parte de la explicación tiene que ver con el mayor o menor alcance de nuestro accionar, como individuos o como parte de un colectivo superior. Por ejemplo; todos sabemos que el Ganges es uno de los ríos más contaminados de la tierra; que esto está causado porque en sus aguas se vuelcan directamente desechos tóxicos -provenientes de fábricas instaladas en sus orillas-, desechos humanos sin tratar -de todas las ciudades que atraviesa-, desechos animales y pesticidas. También sabemos que es un río sagrado para los hindúes, en el que se bañan para purificarse y en el que arrojan las cenizas de sus muertos. Pero por mucho que sepamos todo esto, y por más que nos preocupe, es muy improbable que alguna de nuestras acciones pueda influir positivamente en el problema. El alcance de nuestras acciones está limitado por la cantidad de poder -económico o político- que podamos controlar y ejercer. (1)

En el caso del Río Ganges podemos encontrar posturas enfrentadas por motivos religiosos, económicos o políticos. Lo mismo sucede si nos enfocamos en casos más cercanos: hace casi 20 años que se viene alertando sobre la degradación del estado de las aguas del Mar Menor. Se realizaron varios estudios científicos sobre los diferentes factores que causan esta degradación, diversos grupos han propuesto acciones preventivas, y los vecinos de la zona se movilizaron para pedir que se ataje el problema… pero las cosas han seguido igual… Hasta que en octubre de 2019 se tuvieron que recoger tres toneladas de peces muertos de sus playas. Cuando este tema llega a los medios de comunicación -ahora sí es noticia-, en todos los canales nos explican que las aguas del Mar Menor, desde hace años, venían acumulando vertidos de nutrientes procedentes del uso de fertilizantes y pesticidas de la agricultura intensiva, desechos de salmuera provenientes de las desaladoras, y que sufrían indirectamente de la presión de una construcción de viviendas desmedida, entre otros factores. Todo esto provocó que el exceso de nutrientes generara la proliferación de microalgas que enturbian el agua, volviéndola verde e impidiendo la entrada de luz solar, provocando que la vegetación del fondo no pueda desarrollar la fotosíntesis, por lo que deja de producir oxígeno, muere y entra en descomposición, generando toxinas y provocando la muerte de muchos organismos que viven en ella. Un desastre que se vaticinó por primera vez en el año 1998 y que nadie pudo o quiso detener.

Vivimos tiempos convulsos en los que resulta complejo desentrañar la trama de intereses que expliquen esta inacción: los agricultores quieren cultivar la mayor cantidad de producto posible, los vecinos quieren que se siga construyendo porque eso revaloriza sus viviendas, los funcionarios hacen la vista gorda ante la sobreexplotación de los acuíferos y los gobernantes prefieren esquivar las decisiones difíciles que puedan poner a una parte de la población en su contra.

Bajo este prisma la cosa está complicada, pero hay un atisbo de esperanza, en los últimos años han surgido propuestas a las que se han adscrito muchos gobiernos; proyectos de desarrollo de economía circular, de innovación para mejorar la gestión de los residuos, compromisos para reducir paulatinamente los residuos hasta su eliminación total (Zero Waste), entre otras.

Este tipo de compromisos requieren de un gran esfuerzo por parte de las administraciones, ya que ellas realizan un fuerte aporte de recursos públicos que sólo dará frutos si la población decide apoyar cada emprendimiento. Pera ello es necesario informar, capacitar e impulsar la participación de la ciudadanía.

A su vez, la ciudadanía puede, ¡y debe!, exigir a sus representantes que gobiernen de forma sostenible y responsable, tomando decisiones que fomenten un medioambiente más cuidado y saludable.

Pertenecer a la unión europea nos somete al cumplimiento de diferentes compromisos, por ejemplo, a la implementación de un modelo de economía circular. La Comunidad ha establecido hitos para la reducción de residuos en los municipios: para el 2020 los residuos reciclados deberán superar el 50% de los residuos totales, deberán superar el 55% para el año 2025 y el 65% para el año 2035. Con un objetivo adicional: que en 2035 sólo el 10% de los residuos sean destinados a vertedero.

Nuestra ciudad supera la media española en la cantidad de residuos reciclados y en la calidad de separación en origen (en los hogares), aunque debemos seguir esforzándonos para no rezagarnos con respecto a las expectativas de la Comunidad Europea.

Siguiendo la normativa comunitaria, nuestra ciudad también está preparando la instalación del quinto contenedor, el “contenedor marrón “, en el que se depositarán sólo los residuos orgánicos, que representan el 40% de los residuos totales. Con esto se estaría reduciendo drásticamente la cantidad de materiales que acabarían en vertedero.

Para Rivamadrid esto significará realizar un esfuerzo adicional, tanto en la gestión de rutas de recogida como en la administración y procesado de estos residuos, para transformarlos en producto valioso (nutrientes o energía).

Previo a este proceso realizaremos acciones de divulgación y formación para un uso correcto del contenedor. Sabemos que la ciudadanía ripense responderá como siempre, demostrando que está a la altura de los retos para tener un medioambiente más saludable.

Notas: 1- Cabe aclarar que en la mayoría de las ocasiones no es una cuestión de dinero. En el caso del Ganges no han tenido ningún resultado los diferentes proyectos impulsados por el gobierno indio para descontaminar sus aguas, aunque se hayan destinado hasta la fecha, aproximadamente, unos 111 millones de rupias -unos 1.260 millones de euros-.

C/ Mariano Fortuny, 2

28522 Rivas Vaciamadrid

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