Rivamadrid.es utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios, facilitando así la navegación por la web. La legislación europea nos obliga a pedir su consentimiento activo antes de emplear dicha información. Por favor, les rogamos lea nuestra POLÍTICA DE PRIVACIDAD y pulse en aceptar para poder seguir el proceso de navegación en la web.

Más información Entendido

Así es el arboreto de Rivas: un pequeño oasis botánico en el corazón de la ciudad

Reabre sus puertas tras dos años de trabajo

Así es el arboreto de Rivas: un pequeño oasis botánico en el corazón de la ciudad

Publicada:

Hace algunas semanas, el arboreto de Rivas Vaciamadrid abrió sus puertas para emprender una ‘nueva vida’. Este pequeño muestrario de plantas, rehabilitado a modo de pequeño jardín botánico donde pasear, relajarse y aprender un poco más sobre el mundo vegetal, florece de nuevo —literalmente—, aún más coqueto si cabe, después de un minucioso trabajo de dos años por parte del personal de Rivamadrid y de distintas áreas municipales. Diario de Rivas invita a la ciudadanía ripense, a través de este reportaje, a sumergirse en la recuperación y en los detalles de este espacio verde, un verdadero oasis que invita al disfrute y la calma en medio de la ciudad.

El Arboreto —o Arboretum— de Rivas fue plantado por primera vez hace unas dos décadas, en una parcela de 3.200 metros cuadrados situada en la calle del río Manzanares, muy cerca del Zoco Rivas. Este pequeño jardín vallado, que casi pasa desapercibido en este entorno de viviendas unifamiliares, fue concebido como un muestrario de los árboles y arbustos que podían encontrarse en los parques de la ciudad, recopilados con fines educativos. En su momento, numerosas especies fueron plantadas allí, recién salidas del vivero, y allí han permanecido hasta nuestros días, prácticamente olvidados durante los últimos años.

Y es que el arboreto fue, en aquel entonces, un jardín al que solo se podía acceder participando en visitas guiadas para público general o para escolares que organizaba el Ayuntamiento de Rivas. «El arboreto siempre se planteó como un espacio cerrado al público destinado a acciones educativas programadas. Con el paso de los años, estas visitas se fueron espaciando, y fue cayendo en el olvido, hasta contar con un mantenimiento mínimo en los últimos años», explica Érica Valiente, directora de Operaciones de Parques y Jardines de Rivamadrid. Ella fue quien, en un encuentro con el entonces concejal de Medio Ambiente, Rubén Tadeo, planteó la recuperación de este espacio. «Teníamos claras dos cosas: que había que rehabilitarlo y ponerlo en condiciones, y que esta vez sí tenía que abrirse al público, para el libre disfrute de la ciudadanía», apunta Valiente. Dicho y hecho: el proyecto obtuvo luz verde por parte de los responsables y todos se pusieron a trabajar.

Para abordar esta tarea, que requería aprovechar al máximo la herencia del arboreto ‘primigenio’ pero también ponerlo al día y enriquecer su muestrario, Rivamadrid acudió a Manuel Poveda, técnico ayudante que colaboró, junto a un equipo de personas, en el proyecto del arborétum hace dos décadas. El nuevo planteamiento ha sido respetuoso con el diseño original y con aquellos árboles que han resistido  los años en buenas condiciones. «Sí hubo que retirar algunos que habían muerto o enfermado en estos años y plantar en su lugar otros nuevos, como el abedul que puede observarse ahora», explica Poveda.

En total, el equipo calcula que entre 50 y 100 plantas —entre ellas la mayoría de los árboles y la zona de setos— han sobrevivido al paso del tiempo, del total de 2.000 que luce ahora el jardín, correspondientes a más de 200 especies vegetales distintas. Y es que, en palabras de Valiente, «cada árbol de esta ciudad es un pequeño milagro», ya que el suelo de Rivas y de su entorno es yesífero: tiene poca profundidad y resulta muy hostil para la vegetación. «Un árbol con una esperanza de vida de 100 años ve acortada su longevidad, aquí en Rivas, a 40 o 50 años; las raíces no tienen espacio para crecer y envejecen muy rápido», apunta esta ingeniera agrónoma y directiva de Rivamadrid.

Bien lo saben, también, Carlos Hernando, jefe de servicio de jardinería en Rivamadrid, y Carmen Palomo, que se encarga cada día de mantener este jardín botánico en miniatura. «El trabajo aquí no tiene nada que ver con el de cualquier otra zona verde de la ciudad», confirma Hernando. «En otros parques, plantas y riegas los árboles o arbustos por grupos, pero aquí cada una de las plantas tiene sus propias características y necesidades de espacio y de agua«, apuntan. Al fijarse en un bancal cualquiera, esta dificultad se aprecia de un vistazo: plantas de distintas especies conviven, en ocasiones, a escasos centímetros —»y siempre calculando el espacio suficiente entre ellas»—, por lo que el riego y el cuidado diarios se convierten en una labor minuciosa, casi de artesanía.

«Había que delimitar bien el espacio de cada especie y, una vez recibidos los ejemplares, estar atentos al etiquetado, porque algunas no se distinguen más que por sus flores. No era tarea fácil una sola persona», explican los jardineros. De nuevo, el trabajo en equipo: para evitar equivocaciones, mientras una persona clasificaba los ejemplares, otra los plantaba. Esta característica del arboreto ha condicionado también la instalación del riego domotizado, que permite la programación del suministro de agua a través de terminales móviles.

Durante todo el proceso han colaborado, además del personal de Rivamadrid, numerosos trabajadores y trabajadoras de las distintas concejalías y áreas del Ayuntamiento de Rivas: desde Mantenimiento hasta Parques y Jardines, pasando por Modernización, Policía Local (control de accesos y vigilancia) o Comunicación (diseño de cartelería). Además, se instalaron las nuevas farolas led, las papeleras y se reparó la fuente ornamental; se rehabilitaron los bancos de madera; se reparó la valla que delimita el arboreto, y se repintaron los soportes de la nueva cartelería —que recoge, de manera didáctica, información sobre las especies que pueden contemplarse allí—, además de rellenar el terreno allí donde fuera necesario. Se soltaron algunas especies de insectos —como las mariquitas— para combatir de manera ‘biológica’ el pulgón, siguiendo la premisa, generalizada en la ciudad, de no utilizar medios químicos contra las plagas. Y se reubicaron algunas especies, como los rosales, que, debido al crecimiento de algunos de los árboles, habían quedado en una zona sombreada que dificultaba su crecimiento.

Faltaba, con todo, lo más difícil: conseguir un muestrario completo de plantas, que, más allá de su función ornamental, sirva al propósito fundamental de este jardín, es decir, servir de escaparate de los árboles, arbustos y otras especies que se encuentran en los parques de Rivas Vaciamadrid y el entorno del Parque Regional del Sureste. Por si este objetivo no fuera ambicioso en una ciudad plagada de zonas verdes de distintas características, el equipo de la Concejalía de Mantenimiento solicitó, además, concentrar un muestrario de la vegetación del Parque Regional del Sureste. «Precisamente esto es lo que ha dilatado hasta dos años el trabajo», indica Valiente. Y es que, una vez hecha la lista de los árboles y arbustos que precisaría el arboreto, muchos de ellos no han sido fáciles de encontrar. «No existen muchos suelos yesíferos, y las especies que allí crecen no son una prioridad, ni siquiera en los viveros más especializados«, explican desde Rivamadrid. Después de mucho buscar, localizaron un pequeño vivero en Cataluña que trabajaba prácticamente a demanda, «y aun así, nos las veíamos negras para conseguir las especies que nos habíamos propuesto»; añade Poveda.

Especialmente ardua ha sido la tarea de conseguir especies forestales, «ya que van por pedido y se sirven en época de repoblación»; o de las vivaces, donde la demanda no acompaña a la oferta: pedías una especie y ningún vivero tenía existencias«, relatan los responsables de esta tarea. Además, las especies autóctonas de la zona tampoco se encuentran en el mercado. «Tenemos que completar estas colecciones por nuestra cuenta, ya que no hay producción: a los viveros no les interesa, en términos comerciales», dice Poveda.

Ya desde antes de su apertura, se manifestaba una de las características que marcarán la evolución del arboreto: se trata de un jardín vivo, que irá incorporando cambios, modificaciones y nuevas especies a medida que pasen los años. «Hay que tener en cuenta que, debido a la dificultad del suelo, algunos árboles o arbustos pueden no prosperar, y habrá que sustituirlos por otras especies», explican los responsables. Esta actividad servirá, además, para que los técnicos municipales utilicen el arboreto como banco de pruebas de nuevas especies antes de introducirlas en el resto de parques de la ciudad.

El resultado final, que desde el pasado mes de mayo puede contemplarse en un paseo sosegado por sus caminos de tierra, es un compendio de colecciones botánicas diverso y representativo de la zona. El proyecto original, que sigue siendo la base de este jardín, ha experimentado algunos cambios en el proceso, que, a diferencia de hace una década, ha sido realizado con medios propios municipales, en una labor coral de personal de Rivamadrid y de distintas concejalías. «Por ejemplo, antes había una zona de huerto con fines didácticos, que no hemos conservado porque, a día de hoy, existen numerosos proyectos hortícolas en la ciudad, tanto en centros escolares como en el Soto del Grillo o los nuevos huertos urbanos; además, era una fuente de problemas, porque la gente saltaba para llevarse las hortalizas«, explican los responsables. Así, el huerto ‘primigenio’ fue sustituido por sendos muestrarios de plantas medicinales y aromáticas, que crecen ya en bancales propios.
Nada más entrar al arboreto, las visitantes encuentran la colección de enredaderas y plantas tapizantes, que requieren poca tierra y pueden crecer en desniveles. Tres imponentes coníferas saludan nada más flanquear la verja de entrada: un cedro del Atlas, cuyas hojas tienden a ascender; un cedro del Himalaya, de aspecto más ‘llorón’, y, por último, un magnífico cedro del Líbano, con la característica forma que adorna la bandera de aquel país.

En un talud crecen numerosas especies de plantas vivaces silvestres —en plena floración estos días de junio—, como salvias de colores fríos o cálidos o geranios rastreros, en torno a un ciprés que se levanta en el jardín, desde hace dos décadas, «haciendo gala de su buena calidad», apunta Poveda. El paseo continúa con una gran palmera, distintas especies de cactus y pitas, y setos ‘formales’ (aquellos que aceptan bien la poda, a los que se suele dar formas ornamentales) e informales, además de ajos ornamentales y gramíneas. Los bulbos, que esperarán a la primavera para mostrarse en todo su esplendor, guían a los visitantes hacia la fuente central, en cuyas inmediaciones crece un haya purpúrea, una especie «poco común» que puede contemplarse en este arboreto.

En las inmediaciones, un arce resiste el clima ripense, que resulta hostil para esta especie —»se encuentran más a gusto en la zona de la cornisa cantábrica», apunta Poveda—, rodeado de arbustos típicos del Parque Regional del Sureste. Un abeto autóctono se suma al conjunto, que completan coníferas enanas, frutos del bosque, plantas medicinales y aromáticas y una rosaleda donde se entremezclan rosas de distintos colores, flanqueadas por un granado, un madroño y una morera…. Y así, hasta más de 200 especies diferentes, cuyas características, origen y curiosidades puede conocer la ciudadanía a través de la cartelería, revelando así los secretos de esta ‘pequeña joya’ de los parques y jardines ripenses.

C/ Mariano Fortuny, 2

28522 Rivas Vaciamadrid

TOP